No pensaron en su pasado, la felicidad vivida, la alegría compartida. Ni siquiera en cada sonrisa que les daba vida, cada abrazo, cada beso, cada palabra y cada silencio.
Borraron cada recuerdo, alejándose, sin motivo o porque. No había razón alguna para dejar ir a ese amor, simplemente pareció suficiente.
Ella le daba vida a él, y él era su única felicidad, quizá el único motivo para sonreír cada día, pero eso no bastó para impedir la partida.
Puede que hoy no sean los mismos, pero al acordarse cada uno de ese amor vuelven a sentirse niños y logran viajar en el tiempo, como si nunca se hubieran separado.
Hoy se refugian en ese recuerdo para volver a llenar de felicidad sus vidas y recordar que alguna vez, por lejana que sea, el amor valió la pena.
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