¿Alguna vez sentiste que estabas a punto de perder todo, absolutamente todo? ¿Lo que le daba sentido a tu vida, lo que hacía que todo dolor valiera la pena al fin y al cabo?
Yo si lo sentí, y en ese momento sentí morir. Que el mundo caía sobre mi. Que todo lo que había construido se hacía añicos frente a mis ojos y no podía hacer nada para cambiarlo.
¿Alguna vez te obligaron a sentir culpa por algo de lo que no eras culpable, llegando al punto de convencerte vos mismo de ello?
¿Alguna vez te aferraste tanto a un amor que sentiste que sin él no sería lo mismo, no serías el mismo?
Porque yo si, y en ese mismo instante me di cuenta que eso ya no valdría la pena.
En cada cuento, en cada historia, nos enseñaron, nos convencieron de que cada vez que sentías que el corazón salía de tu pecho, ese, ese mismo era tu amor, el verdadero y único amor.
Que llorar no era malo. Que si dolía era mas real. Que cuanto mas costaba mas valía la pena y mas se disfrutaría el conseguirlo.
Sin importar nada mas que ello, el simple hecho de sentirte pleno frente a él bastaba para aliviar cualquier peso llevado.
Pero, ¿en que clase de amor se sufre aún siendo feliz?
Parece un juego de palabras, pero cuando eso pasa, no es amor, es solo un error disfrazado de felicidad, de la mas dulce felicidad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario